Por GONZALO P. ESCARAY | Abogado penalista
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Por GONZALO P. ESCARAY | Abogado penalista
En los últimos años, se ha evidenciado un fenómeno alarmante: varios ataques de perros que han causado graves lesiones, especialmente en niños pequeños, quienes son particularmente vulnerables a estos incidentes. Estas situaciones han derivado en condenas para los propietarios por el delito de lesiones, y en algunos casos, cuando las heridas resultaron mortales, las sentencias fueron por homicidio culposo.
Lo que se ha observado en estos casos es que los dueños no cumplieron con sus deberes de cuidado, es decir, no tomaron las precauciones necesarias para evitar los ataques, como mantener al animal bajo control o adecuadamente aislado, considerando que se trataba de una "fuente de peligro". Precisamente, fue esta omisión la que provocó las lesiones.
Más allá de estos incidentes, que tristemente no son nuevos, en los últimos tiempos nos encontramos con casos en los que los perros han sido utilizados como herramientas de intimidación y agresión en hechos delictivos. El caso más reciente ocurrió en la ciudad de Córdoba, donde dos individuos emplearon perros de razas peligrosas, como el Rottweiler y el Dogo Argentino, para amenazar a una víctima durante un robo.
La Justicia cordobesa calificó esta conducta como robo agravado por el uso de arma impropia. Esta figura legal se refiere a objetos o instrumentos que, aunque no están diseñados específicamente para agredir, pueden ser utilizados para causar daño o intimidación. En este caso, los perros fueron empleados con la clara intención de infundir miedo y obligar a la víctima a entregar sus pertenencias.
El Código Penal argentino establece que el robo se agrava cuando se comete utilizando un arma, ya sea propia (como un cuchillo o una pistola) o impropia, que incluye objetos como piedras, palos o elementos contundentes. La clave radica en el uso que se le da al objeto: si se emplea para incrementar el poder intimidatorio y lograr el objetivo delictivo, la justicia lo considerará un arma.
¿Por qué los perros pueden ser considerados armas?
Desde una perspectiva técnica, un perro no es un arma en sí mismo. Sin embargo, cuando se lo utiliza para intimidar o atacar, puede ser tratado como tal en términos jurídicos. La jueza encargada del caso de Córdoba señaló que la capacidad de daño de un perro es impredecible: no es posible controlar completamente su reacción, y su poder ofensivo puede superar al de algunas armas tradicionales. Este análisis llevó a la justicia a clasificar a los perros usados en este robo como armas impropias.
Además, el fallo destacó que lo relevante no es solo la naturaleza del objeto o del animal, sino la forma en que se utiliza. En este caso, los delincuentes controlaban a los perros y los emplearon como herramientas para generar miedo en la víctima, lo que cumple con los requisitos de un arma impropia según nuestro Código Penal.
La jurisprudencia argentina ha abordado varios casos en los que se debatió si ciertos objetos debían ser considerados armas en el contexto de un delito. Ejemplos incluyen el uso de combustibles inflamables o elementos cotidianos como bufandas o cables, que, aunque no son armas convencionales, pueden causar daño o intimidar. El desafío radica en determinar hasta qué punto un objeto o un animal puede ser considerado un arma dentro del marco legal.
En el caso de los perros, la argumentación es clara: su uso en un contexto violento, con el objetivo de aumentar la capacidad ofensiva de los atacantes, los convierte en herramientas peligrosas, similares a las armas impropias.
La consideración de los perros como armas en el ámbito jurídico abre un debate interesante sobre la interpretación de las normas penales. Este tipo de fallos nos invita a reflexionar sobre cómo evolucionan las formas de delinquir y cómo la justicia debe adaptarse para proteger a las víctimas de nuevas modalidades delictivas.